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Estamos en el mes del Orgullo LGBTIQA+ y como anabautistas es importante que podamos celebrar y acompañar bien a las personas que pertenecen a esta comunidad en nuestras iglesias desde nuestra particularidad religiosa. Este ha sido un año histórico para las luchas de las personas LGBTIQA+ dentro de la tradición Anabautista. Se aprobó la resolución de  Arrepentimiento y Transformación de personas de la comunidad LGBTIQA+ por la Iglesia Menonita de USA. “En una asamblea especial del 27 al 30 de mayo en Kansas City, Missouri, los delegados de la Iglesia Menonita de EE. UU. cambiaron la postura de su denominación hacia las personas LGBTIQA+ en una dirección afirmativa”. Hay que celebrar logros como estos porque son signos de la esperanza cristiana a pesar de muchos otros retrocesos en asuntos de derechos sexuales alrededor del mundo.

Quiero continuar esta conversación y en este artículo busco darle vuelta a la siguiente pregunta: ¿Qué relación tiene la teoría queer con la misión anabautista? Sin duda ya hay algunos estudios sobre lo que la teoría queer y los estudios de género pueden ofrecer para revitalizar el cristianismo pero en este artículo quiero principalmente dar unas breves pinceladas al camino inverso. ¿Qué puede aportar la tradición anabautista a la vida de las personas queer? La teología anabautista ha sido muy crítica a la idolatría al concepto de “familia” tradicional que muchas iglesias han caído. Pero además de esto creo que hay muchas otras vías para continuar la conversación. 

El teólogo Graham Ward afirma en su libro Christ and Culture que solo podemos identificar la persona de Cristo a través de misión no por su naturaleza. Esta afirmación no se inspira en la teoría queer sino en Tomás de Aquino y Gregorio de Nyssa: 

God is not known to us in His nature, but is made know to us from His operations. (Summa Theologiae, I.Q13.8). 

The term “Godhead” is significant of operation, and not of nature. (Gregory of Nyssa 1893, 333)

Desde esta perspectiva, lo más importante para la misión cristiana no es preguntar quién es Cristo o qué es Cristo sino dónde está Cristo. (Ward 2005, 1). 

Por lo tanto nuestra reflexión no puede ser principalmente ontológica sino misionológica. Daniel Shank Cruz ofrece algunas pistas en su libro Queering Mennonite Literature y para situar esta reflexión pasaré a esbozarlas a continuación: 

1. Encarnando la teoría en la Escuela Dominical

Si la teoría queer quiere ser revolucionaria en todos los aspectos de la sociedad necesita conectar la cotidianeidad y las prácticas religiosas de las personas que nunca abrirían un libro de Judith Butler o Paul B. Preciado. Algunas personas religiosas, sobre todo en Latinoamérica, tal vez no lean muchos libros además de la Bíblia y el espacio de la “Escuela dominical” es el lugar propicio para discutir de una manera más abierta y conversacional acerca de la “revelación de Dios”. Estos espacios ofrecen a las personas el entrenamiento y la justificación teórica bíblica sobre la masculinidad y feminidad, sobre los quehaceres domésticos y las relaciones familiares. Como sabemos la mayoría de personas que viven en Latinoamérica tienen una formación cristiana, sea esta católica o protestante, por lo tanto si se quiere hacer algún cambio social hay que tomar en cuenta estos espacios de formación “ideológica” y práctica. Lamentablemente en muchos de estos lugares todavía se sigue hablando de un sometimiento subordinacionista de la mujer al hombre, de una visión del hombre como “cabeza” del hogar, de una práctica de obediencia violenta de los hijos/as a los padres y afirmando muchos estereotipos de género. Si los teóricos queer quieren ver cómo funciona en la vida cotidiana poner en práctica la teoría sería bueno que se peguen una vuelta por las “escuelas dominicales”, células, barcas, grupos de formación bíblica, etc. En estos lugares no se va principalmente a memorizar o teorizar sino a aprehender técnicas y disciplinas espirituales para vivirlas en el día a día.

2. Acompañamiento pacifista y cambio social

El pensamiento queer siempre ha incluido el deseo de un cambio social. El pensamiento menonita puede ofrecer su experiencia por medio de dos estrategias necesarias para lograr este cambio: el pacifismo y pensar globalmente. La negación tradicional menonita de la violencia a favor de buscar estrategias no violentas para el activismo social […] La valoración de las perspectivas globales por parte de la literatura menonita puede funcionar como un correctivo a uno de los aspectos insulares de la teoría queer, su obsesión con los “Estados Unidos”. 1900S (Shank Cruz 2019, 129-130)

La misión anabautista persigue el cambio social desde la formación de una comunidad concreta que resiste a las imposiciones del Estado y también busca dar acompañamiento a diferentes culturas sin caer en un triunfalismo y colonialismo religioso como muchas de las misiones evangélicas y católicas. Un claro ejemplo de esto es el libro que recopila la misión menonita en el Chaco en Argentina titulado “Misión sin conquista” y las charlas de podcast y videopodcast que se están dando sobre Dismantling the Doctrine of Discovery. Este grupo de líderes anabautistas, buscan resistir esta “doctrina jurídica que se practica en el derecho y la política internacionales, así como en los sistemas jurídicos nacionales de países de todo el mundo. La Doctrina del Descubrimiento es también una doctrina cristiana que data del siglo XV. Todavía se practica en las tradiciones cristianas de todo el mundo, despojando sistemáticamente a los pueblos indígenas de sus tierras ancestrales y derechos humanos.” (https://dofdmenno.org/). Se están realizando también algunas entrevistas sobre este tema en el podcast sobre Anabautismo en Latinoamérica Merienda Menonita.

Por lo tanto, los teóricos queer pueden enriquecerse en la manera en cómo algunos grupos anabautistas han logrado salir de su nicho para participar de una manera no violenta ni invasiva en diferentes comunidades alrededor del mundo. Cabe agregar que aunque este es un objetivo claro de muchos grupos anabautistas es evidente que no siempre se cumple lo que se predica y en otros casos incluso hay iglesias que no son fieles a la misión cristiana anabautista y han caído en un colonialismo y neo constantinismo religioso como muchas otras denominaciones cristianas. 

3. Redimiendo el trauma

Las tradiciones queer y menonita provienen cada una de historias traumáticas. Si bien la teoría queer a menudo ha tratado su trauma de manera pesimista, lo que lleva a su muy discutida “tesis antisocial”, la literatura queer menonita muestra cómo responder y rehabilitar una tradición traumática con esperanza (Shank Cruz 2019, 130)

Tal como Dioniso Byler y otros historiadores y teólogos han mostrado el movimiento anabautista surgió como un grupo religioso en la periferia, fue perseguido tanto por católicos como por protestantes. A diferencia de otros grupos que se situaron en la periferia y luego llegaron a un lugar de privilegio, seguridad y autoridad dentro del Estado-nación, el movimiento anabautista, en teoría, nunca ha buscado la aprobación del Estado ni ningún tipo de poder político nacional. Por esta razón a veces han sido dejado de lado de la palestra política partidista, social y académica. Muchas veces han sido discriminados a lo largo de la historia e incluso asesinados como mártires. Prueba de ello son los testimonios recogidos en el libro Espejo de los Mártires y Siendo Testigos: Relatos de martirio y discipulado radical.

Por esto pienso que la comunidad queer puede buscar puntos de encuentros y aprender por medio de esta forma de enfrentar el trauma religioso y social de los anabautistas de una manera esperanzadora y sanadora para no quedarnos en una pesimismo inmovilizador. 

En resumen, he esbozado tres puntos de partida, siguiendo a Daniel Shank Cruz, para el diálogo entre el anabautismo y la teoría queer:

1 Buscar la revolución y el cambio social desde la cotidianeidad

2 Abrirse a otras culturas para entablar un diálogo respetuoso que no sea invasivo ni triunfalista. 

3 Trabajar el trauma de una manera esperanzadora, no pesimista ni violenta.  

Todavía queda mucho por trabajar en nuestra Latinoamérica sobre la interrelación entre género y teología, sobre todo de manera práctica, sin embargo es esperanzador darnos cuenta que están ocurriendo pequeños destellos de rebeldía santa contra la opresión justamente porque estamos conociendo mejor a Cristo en los varios rostros de las personas  LGBTIQA+ que no se han dejado domesticar por una teología patriarcal.